El pasado día 11 de mayo tuve el placer de participar en las XV Edición de los 101 km. de La Legión en Ronda. Este año además de la dificultad de la distancia, se unió el tremendo calor, con temperaturas por encima de los 40 grados que hizo de esta edición una de la más duras de los últimos años.
Particularmente me supuso un plus de esfuerzo tanto mental como físico, empezando por la paliza del viaje, casi 7 horas, llegue cerca de las 19 horas a Arriate, donde finalmente busque alojamiento, una decisión acertada ya que la primera opción que me plantee fue dormir en Málaga e ir y volver en el día, pero al final pensé que iba a ser demasiada paliza.
Como decía, además del viaje, la recogida del dorsal y una mala noche donde apenas pegué ojo, no se si por los nervios o porque extrañaba la cama, hizo que no estuviera especialmente descansado para el día de la prueba.
El sábado decidí levantarme temprano y llegar con tiempo a la salida para así evitar salir de los últimos y quitarme los típicos tapones en las zonas conflictivas.
La salida de la prueba estaba prevista a las 10:30 horas, pero yo a las 9:15 ya estaba descargando la bicicleta en Ronda.
Desde donde aparque hasta el campo de fútbol en donde estaba la salida había como un kilómetro, así que después de equiparme inicio el camino hacia la salida, pero cuando apenas llevaba 100 metros rompo la cadena, me digo “puffffffffffff, empezamos bien, bueno Carlos, tranquilo, que aun hay tiempo de sobra para arreglar esto”, me pongo manos a la obra, quito el eslabón que se había roto y cuando me dispongo a montar la cadena la punta de mi troncha cadenas se rompe, decir que me temblaron las canillas es decir poco, a todo esto van pasando corredores con su bicicleta, oigo comentarios tipo, “vaya mala suerte”, pero todos pasan de largo.
Miro la hora y son casi las 10 de la mañana, así que decido ir empujando la bicicleta hasta la salida para poder sellar el pasaporte y allí pedir un troncha cadenas al primero que vea.
Llego al punto de salida apenas 15 minutos antes de que cierren la entrada , nada mas sellar me dirijo al primer grupo que veo y le pido un troncha cadenas, no se si era por la cara de estrés que llevaba pero no solo me deja el tronchacadenas sino que el mismo se ofrece repararla, asi hablando me entero que se llama José Manuel, que vienen de Cadiz, del C.D. Mantekas. Tras reparame la cadena le doy mil veces las gracias y aun con mariposas en el estomago por los nervios pasados me pongo en la cola del pelotón esperando la salida.
A los pocos minutos vuelve a pasar José Manuel y sus Mantekas y al verme solo me invita a ir con ellos, pero tampoco quería ser un lastre para ellos ni desorganizar lo que llevaban preparado, así que le agradezco el detalle y le comento que mejor voy solo.
Y todo esto sin haber empezado, a las 10:30 horas dan la salida, pasa un buen rato hasta que atravieso la línea de salida, el ambiente es increíble, atravesamos Ronda entre el gentío que no para de dar ánimos. A las 11 horas se daba la salida neutralizada a las afueras de Ronda pero al salir de los últimos no hace falta ni que pare, hace más de 15 minutos que habían dado la salida.
Empiezo tranquilo, consciente de que queda mucho y sobre todo, con una congoja por volver a romper la cadena, ya que no me quedaba ningun eslabon para repararla, lo que me hace ir con sumo cuidado durante toda la carrera a la hora de ir usando el cambio, aun así empiezo a pasar a bastantes corredores, cosa que me va animando.
Llego al primer avituallamiento y como viene siendo habitual no paro, rápida bajada por carretera hasta llegar a Arriate, donde estaba mi familia animando, sigo adelante con una sonrisa y me planto en la primera subida dura del día, “Las Salinas”, muchísima gente, mucha piedra suelta, voy pidiendo paso, ya que las duras rampas hacen que más de uno eche pie a tierra, otros se caen y tiran al compañero que va a su lado por no guardar las distancias, tengo que tranquilizar a más de uno que quiere pasar por donde no puede, aun asi consigo subir sin poner pie a tierra y rezando porque no se rompa la cadena. Llego al primer punto de control, sello el pasaporte y me acerco al avituallamiento a comer y beber, el calor ya empieza a ser importante.
Rápido descenso de nuevo hasta Alcalá del Valle, nuevo control y avituallamiento, sobre la marcha nos dan un gel energético que tomo nada más pasar el control. A la salida me encuentro con una cuesta de asfalto impresionante, de unos 300 metros, 32%, así que culo para adelante y a apretar los dientes. Consigo subirla sin poner pie a tierra, miro el pulsometro y me marca 182 ppp, bufffff, llevo el corazón en la boca. Os dejo un video para que os hagais una idea de la subida.
Sigo hacia Sentinel por caminos y senderos, generalmente va picando hacia abajo, hay que pasar un puente de uno en uno para cruzar el río que nos llevará al avituallamiento, medio sándwich, un vaso de coca-cola, fruta y chocolate para reponer fuerzas, apenas paro mucho más tiempo que el necesario para devorar lo que me han dado, la zona esta llena de esa pelusa blanca que tanta alergia me da.
Ahora toca ir subiendo hasta el siguiente punto de control y avituallamiento en Chinchilla, cada vez hace más calor y eso se va notando, veo a gente parada descansando, protegiéndose del sol, además multitud de pinchazos y cadenas rotas, y yo sigo cruzando los dedos para no romper la mia.
En Chinchilla paro a estirar un poco, además de comer y beber pero como el calor apretaba decido salir rápido ya que el siguiente punto de avituallamiento es el Cuartel de la Legión, donde nos espera el rancho. El camino hasta llegar es conocido como el “bigote de la zorra” un sendero entretenido, con zonas con mucha arena que hace que tengas que emplear un plus de fuerza para no quedarte parado. Se continua por un sendero rompe-piernas hasta llegar al cuartel.
Allí repongo fuerzas, mi menú consta de un rico taper de caldo, arroz tres delicias, que apenas probé porque estaba demasiado salado para mi gusto, una botella de agua, cocacola,un plátano, un yogur y un donut de azúcar, lleno la camel con agua, y continuo camino.
Ahora viene lo peor, la famosa subida de la Ermita, por ahora iba bien de fuerzas, a mi ritmo diésel, apenas llevaba 300 metros subidos cuando la cadena se me queda enganchada entre el piñón y los radios, me hecho a un lado del camino, no hay ni una sombra en la que cobijarse del sol, así que nada, con todo el sol y calor que estaba cayendo intento sacar la cadena pero se resiste, saco la rueda a ver si asi libero algo de tensión y nada, que no soy capaz, calculo que estaría una media hora intentando yo solo sacar la cadena, a mi lado van pasando corredores pero ninguno se digna a preguntar y mucho menos a pararse para a ayudar, por fin un compañero se para y entre los dos conseguimos sacarla. Vaya calentón que pille entre el sol y el cabreo por el “compañerismo” de más de uno.
Continuo con la subida hacia la Ermita con un calor asfixiante, mas tarde escuche que durante la subida alcanzamos los 41 grados, son casi 4 kilómetros que en su parte final se hacen muy duros, llegados al punto donde las rampas tienen más pendiente, decido hacer lo que queda de subida a pie, las rampas y el calor eran demasiado para vaciarse intentando subir montado, creo que eso fue un error, porque según iba empujando la bicicleta, me fui encontrando mal, muy cansado, al principio pense que era una pájara pero me había cuidado mucho en ir bebiendo y comiendo regularmente, aun no lo tengo muy claro, pienso que fue una mezcla entre un golpe de calor y deshidratación por la perdida de liquido por calor. Tenia que haberme tomado un ibuprofeno pero ni caí en ello. Según voy subiendo voy viendo como la gente va cayendo producto de mareos y lipotimias, gente tirada en cualquier zona que ofrezca un poco de sombra.
La subida se me hace eterna, pero no sera la unica, comienza la bajada por la calzada romana, voy disfrutando de sus curvas cerradas, mucha gente baja muy despacio incluso a pie, voy recuperando fuerzas, llegamos al desvío de “Molino Santo”, seguimos por un sendero paralelo al río que hace que se te olvide todo, disfrutes de las vistas y te entren ganas de darte un buen baño, seguro que se estaba fresquito dentro del río.
Ya solo quedan menos de 15 kilómetros pero tambien me quedan tres duras cuestas o por lo menos a mi me lo parecieron tal y como iba, en la subida hasta el Cortijo de la Manía tengo que parar a tomarme un gel a ver si me alivia el cansancio, pero no resulta, aquí voy charlando con el rosario de corredores que vamos empujando la bicicleta, aprovecho las bajadas para descansar y los repechos los voy subiendo como puedo, a un ritmo cansino, la subida al puerto de la Muela más de lo mismo, en el avituallamiento decido sentarme cinco minutos a recuperar, estos últimos kilómetros se me estan haciendo muy largos.
Ya solo me queda la famosa “cuesta del cachondeo” empiezo encima de la bicicleta pero enseguida desisto y me uno a la larga fila de corredores que van empujando la bicicleta, a mitad de la cuesta vuelvo a parar a descansar otro rato, buscar una sombra esta dificil, apenas hay y las que hay ya estan ocupadas, asi que me paro en el primer pedrusco que veo.
Pasado el mal rato vuelvo a unirme a la hilera de empujabikes, en la penúltima curva hay un corredor vomitando, el calor esta haciendo estragos, ya en la última curva veo que la pendiente se relaja un poco más y decido terminar la “cuesta del cachondeo” con algo de dignidad, y me subo a la bicicleta, por fin entro en Ronda, las calles siguen llenas de gente aplaudiendo a los corredores, justo a la entrada de meta vuelvo a ver a mi familia, la alegría que siento no se puede describir con palabras. Tras 9 horas y 50 minutos consigo terminar, me ponen el último sello en el pasaporte, y me dan el ladrillo, se acabo.
Sin lugar a dudas una bonita experiencia que si puedo intentaré repetir el año que viene con mis compañeros, a los que eche en falta en más de un momento,eso si conseguimos dorsal, la carrera lo merece, una prueba bien organizada y hecha con mucha ilusión. El ambiente que se vive en Ronda esos días es digno de ver.
Por último agradecer a José Manuel de C.D.Manteka que me arreglara la cadena, posiblemente sin el, ni siquiera hubiese podido tomar la salida, algo que siempre recordaré, también al compañero que me ayudó a sacar la cadena en la cuesta de la Ermita y por último y no por ello menos importante a mi familia, siempre a mi lado, animándome y apoyándome en todo momento, momentos buenos y no tan buenos, tanto para mi como para ellos, ellos sí son los verdaderos campeones.








